martes, 17 de junio de 2014

De mis delirios de media noche.

Si pudiera elegir mi muerte sería por fallo hepático, en mi sala, rodeada de mis escritos y con un cigarro consumiéndose lentamente aún en mi mano. Sé que probablemente habrá quien piense "¿y esta pinche vieja quien se cree como para querer morir por sus vicios habiendo tanta gente sufriendo precisamente por los mismos?" Bueno, en primer lugar yo no tengo la culpa de los vicios de los demás, en segundo es mi muerte y yo puedo imaginarla como me de la gana. Lo malo es que la muerte es una de esas cosas que se deciden por si mismas, a menos claro que optemos por ponernos muy DIY al respecto, pero esa no es la opción en esta historia. La cosa es esta, por más poética que quiera ilustrar mi muerte, probablemente será algo aburrido, desgastante y doloroso como asma o cáncer pulmonar. Quizá, si tengo suerte, enfisema. El problema y lo que menos importa es de qué moriré, sino ¿qué pasará con mis vivos, cuando yo me vaya? Si las estadísticas no fallan, lo más probable es que les duela un rato, pero como todos, aprendan a vivir con el dolor. No lo digo en afán de victimizarme, todo lo contrario. Creo que lo más importante de un duelo, de cualquier tipo, no es sentirte mejor ni resignarte a la pérdida, sino aceptar que hay cosas en las que no se puede interferir ni cambiar y está bien. Estamos educados a que el dolor y la depresión debe ser inmediatamente tratada y que estar triste es estar mal. ¿Por qué? Si he de confesar algo, tengo 23 años, soy ingeniera, estoy enamorada, afortunadamente son únicamente caprichos los que me hacen falta materialmente y soy bipolar. Técnicamente, soy hipomana y depresión crónica. No voy a decir que es muy agradable, pero tampoco es lo peor del mundo. Me diagnosticaron hace 3 años después de una crisis maníatica que me hizo perder la mitad (ahora regenerada) de las llemas de los dedos. Sin embargo, la primera vez que notaron que algo estaba, no voy a decir mal sino el siempre romántico "diferente" conmigo, fue cuando estaba en el kinder. Le dijeron a mi mamá que tengo retraso social y que quizá la solución era que conviviera más con niños de mi edad. Mi mamá, que es muy neurótica, me llevó a atención psicológica y no sería la ultima vez en mi vida que asistiera. A lo largo de mi aún corta vida he ido, en conjunto, 14 años al psicólogo. Hace 3 años mi mamá me confesó que, cuando yo tenía 13 y tuve una crisis que me llevó a la tricotilomanía, la psicóloga le recomendó que me llevara a un psiquiatra. No lo hizo por miedo a que me hiciera adicta a los antidepresivos.  Ella aún no sabe y espero nunca se entere, pero para esa edad yo ya había intentado suicidarme 4 veces y volvería a intentarlo años más tarde, la última a la fecha casi con éxito.  Sé que para algunos de ustedes sonará tonto e ignorante, para mi así fue en un principio, pero no debe ser fácil para una madre que le digan con todas las palabras que hay algo que no está funcionando bien en el cerebro de su hijo. Aún se tiene la idea de que la depresión no es algo grave, que uno puede decidir salir de ella con solo un cambio de actitud. El día que me diagnosticaron, fui genuinamente feliz. No por la noticia en sí, sino porque por fin le pude poner un nombre a lo que todos llamaban "mala actitud". Por fin tuve la certeza de que no era yo en si la que estaba exagerando las cosas, la que se deprimía por nada y la que inventaba "fantasmas". Simplemente era mi cuerpo que necesitaba algo que yo, naturalmente, no le podía dar. Así que empecé a tomar medicamentos, y por primera vez en mucho tiempo me sentí relajada, los problemas no eran tan grandes y podía ser "normal". Las cosas funcionaban como deberían haberlo hecho desde un principio. Incluso me volví más sociable. El problema fue que, después de un tiempo, me sentí controlada. Las pastillas si me hacían preocuparme menos por cosas que antes fueron el Everest en relación, pero tampoco sentía la emoción por las cosas insignificantes que me encantaban. Tengo año y medio sin tomar pastillas. No voy a negar que mi vida volvió a ser más complicada, haciendo tormentas en vasos de agua justo como cuando no sabía que pasaba conmigo, pero ahora puedo tomar aire y decir "hey, ¿de verdad esto te molesta tanto o sólo es tu cerebro jugando contigo?" Así que desde muy temprana edad estuve consiente de la muerte y todo lo que ello implica. No me da miedo morir, no me intimida. Lo que aún me da curiosidad es el qué pasa después. Tanto para el fallecido como para sus dolientes. He imaginado muchas veces, de diferentes maneras, mi propia muerte, pero no puedo imaginar qué pasa después. Sólo puedo comprobar ese sentimiento con un libro al que le arrancaron el final, una oración sin terminar, una canción interrumpida, una vida a la mitad.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Enfermedad vital.

Te quiero tanto, tan de verdad, tan profundamente, que no sé cómo manejarlo. Tal vez por eso parece que mi ánimo anda en la montaña rusa. Sube y baja y luego vuelve a subir. Me asusto en las curvas. Trato de salir del juego y después me doy cuenta de que no puedo ni quiero bajarme del amor en el que me he metido. Te extraño todo el tiempo. No puedo pensar más que en ti ni hacer nada más que leerte o escribirte. Reviso mis correos cada cinco minutos y me tiro frente a la tele a ver películas románticas. Sólo de imaginar que te pierdo se me bajan las defensas y me atacan todo tipo de virus. Estoy enferma de amor por ti. ¿Será una enfermedad mortal o vital?

Te quiero por tu inteligencia lúdica y tu genialidad creativa. Contigo, me siento protegida. Desarmas mis miedos y desestructuras mis neurosis. Adoro tu mirada brillante y tierna. La manera en la que te comprometes con todo. Me encanta cómo disfrutas los placeres de la mesa y la cama. Me sorprende y me inquieta tu forma de entregarte. Tus palabras me llenan de certezas. Tenemos la misma mirada y pensamos la realidad en balanzas similares. Te quiero porque, contigo, soy completamente yo.

Perdón, mil perdones por haberte complicado tus días todavía más con mis dramas y exigencias. Como si no tuvieras suficiente con todos tus problemas. Lo que pasa es que te amo. Demasiado.

sábado, 24 de agosto de 2013

De las malas decisiones.

Ayer tomé una mala decisión. Pésima, para no minimizarla. Y esta vez no tuve suerte, lo cual no es de sorprenderse. No sé cómo reaccionar después de ello, no sé cómo tomarlo y cómo restarle importancia ante los ojos de mis papás. Supongo que, como todo, se necesita tiempo para ello y aún está fresca la herida.

Por mi parte no he podido más que darle vueltas al asunto y pensar en todas las cosas que pude haber hecho en lugar de eso. Todas suenan a una mucho mejor idea que haber salido de mi casa ayer, pero las cosas están hechas y no hay manera de regresar el tiempo. Maldita sea.

Lo único bueno de todo esto es que gracias a esto, y como agradable cliché, me he dado cuenta quien es la gente que realmente vale la pena. Quienes están a mi lado pese a las estupideces que hago, aunque no tengan idea de qué pasó.

Solo me queda esperar a que pasen los días, esperar a que las cosas estén un poco más en el pasado. Esperar. Como si no odiara hacer eso.

martes, 20 de agosto de 2013

De LA pregunta.

A mis 23 años y muchas nuevas canas, he presumido muchas veces de ser una mujer independiente y liberal. De no necesitar nada ni a nadie para conseguir lo que quiero pues, según yo, cuento con todo lo que necesito en mi misma para lograrlo y de que, en específico, los tradicionalismos no son para mí. Es por eso que me he sorprendido mordiéndome la lengua desde hace poco más de ocho meses. 
No es que haya ido por la vida alegando que el amor no existe y que ningún hombre merece que se me corra el rímel bajo la lluvia como en telenovela, pero sí logré cacharme diciendo cosas como: "Me cae bien, pero enamorada ni loca. ¿Cómo crees?". Y juro que lo dije convencida, hasta que me voltearon la tortilla y en algun momento de la relación LA respuesta (porque nadie formuló la pregunta) me dejó con un nudo en la garganta de esos que hasta quitan el aliento. Fue algo como "¿Y qué esperas de nuestra relación? La verdad yo no quisiera algo serio ni nada de eso, estamos muy bien así ¿no crees?" "Obvioo, tipo, todo bien. ¿Para qué cambiar lo que ya tenemos?" Y si, la que dijo eso fui yo. Y una parte de mi se dobló de la risa. ¿No me conozco lo suficiente como para haber sabido que me estaba engañando? Lo que más me da pena aceptar es que, de hecho, sí creo que los convencionalismos pueden llegar a limitar y que sí, quizá ya estoy grandecita para andar con cosas "de abuelita". Pero en el fondo la verdad es que un "¿Quieres ser mi novia?" sincero e inesperado hasta gusta, y mucho. Y lo conseguí, ¿pues qué creían?, tiempo después. No me he arrepentido desde entonces, aunque también he pensado mucho sobre qué es lo que me llevó a luchar por conseguirlo. ¿Para qué quería LA pregunta? 
No es que la palabra "novia" sea el equivalente a un seguro de vida y asegure que la relación va a ser como miel sobre hojuelas siempre, hay que trabajarla y cuidarla como cualquier otra. Entonces ¿para qué sirve? No sé. Quizá sólo es una señal de que, hasta la más fuerte, necesita un lugar donde caer en blandito, tener en cierto modo un acuerdo de palabra de que nadie va a salir huyendo a la primera discusión y, ¿por qué no?, creer por un segundo que el "y vivieron juntos para siempre" quizá no es exclusivo de los cuentos de hadas. 

lunes, 19 de agosto de 2013

De las cosas a las que nos aferramos.

Me da pena admitirlo, pero aún conservo la rosa seca y muerta que me regaló mi primer novio. Así como las cartas de mis amigos de la secundaria, el oso de peluche de algún admirador secreto y un cúmulo de cosas que solo están llenándose de polvo en lo más oscuro de mi closet.

No tengo ningún sentimiento que me apegue a ellos, pero cuesta dejarlos ir, soltar las riendas. Y es que las personas nos aferramos a cosas, cual borracho a su botella, para justificar nuestro paso por la Tierra. Necesitamos evidencias de lo que somos, hacemos y parecemos. Y si nos quitan el ancla, tomar de nuevo el timón parece imposible.

Nos pegamos como stickers a cosas, a personas, objetos, ideas y proyectos por las razones equivocadas porque sin eso sentimos pánico. Como si al dejar de poseer algo dejáramos de existir y tuviéramos que reinventarnos de nuevo y dudamos de nosotros porque no soportamos la idea de ser prescindibles.

Está claro, no nos aferramos a ellos porque nos sean indispensables, sino porque nos da miedo saber que hay más allá. Porque nos cuesta aceptar que no los poseemos y que su estancia en nuestras vidas es sólo temporal y muy relativa y que en el instante en que los "tenemos" es cuando empezamos a perderlos y no queda más que aceptar la vida se trata de estar en constante cambio, en constante reinvención, y darnos cuenta que, a veces, si es más verde del otro lado.

domingo, 18 de agosto de 2013

De los compromisos.

La última entrada a este blog la hice el 27 de Marzo. Soy muy mala comprometiendome con algo, al menos con casi todo. Es por muchos bien sabido que actualmente mantengo una relación amorosa y, dicho sea de paso, no es algo común en mi. Lo digo así porque la relación anterior más larga que había tenido duró 8 meses, y no fue tan agradable (tampoco tan tormentosa) que digamos. Solo pasó desapercibida y ya. Pues bueno, actualmente tengo alrededor de, da la casualidad, 8 meses saliendo con mi novio y no podría ser más feliz. Siento que encontré a un hombre que me complementa en todos los sentidos y de quien, además, estoy aprendiendo muchas cosas. A ser mejor persona, a relajarme, a no dar por sentado las cosas y pensar un poquito más antes de alterarme. Hey, no dije que ya haya superado todos mis issues pero lo estoy intentando.

Y la verdad es que, a pesar de todo lo que puedan criticar mi actual forma de ser, yo nunca me había sentido tan feliz. Quizá los compromisos no son tan malos, después de todo, solo hace falta encontrar a la persona correcta.

jueves, 28 de marzo de 2013

De mi mala memoria.

Hoy estaba muy intensamente platicando sobre algo y dije "tengo que escribir un post en el blog sobre esto, será muy interesante". Ya no recuerdo qué era. Por eso no soy escritora.